lunes, diciembre 17, 2012

Las negligencias médicas en los hospitales cubanos quedan impunes.

Por: Alberto Méndez Castelló.
La gran mayoría de las negligencias médicas en los hospitales cubanos quedan impunes. Matar a una res podría salir más caro que dejar morir a un ser humano.
Piadosa, la muerte puso punto final a la agonía de Raúl García Alsina a las 3:00 de la tarde del pasado domingo 18 en el hospital Che Guevara de Las Tunas.
De ser el muerto un buey, una vaca o incluso un ternero, un pelotón de policías con perros rastreadores, fotógrafos y peritos  hubiera sido enviado con premura a la escena del crimen.
Pero el muerto era solo un hombre y la escena del crimen se había diluido en el tiempo.
Raúl García Alsina había cumplido 70 años, tenía esposa, un hijo y cuatro nietos. Había sido un eficiente directivo de comercio y un muy activo militante del Partido Comunista.
Sí, había sido. Ya no era más que un anciano consumido por el Alzhéimer, olvidado de todos y por todos.
De tal suerte, cuando intentaba cruzar la avenida Máximo Gómez, en Puerto Padre, García Alsina fue atropellado por un motociclista el sábado 10 de noviembre.
En estado convulso, fue conducido al cuerpo de guardia del hospital Guillermo Domínguez. El cirujano de turno indicó una radiografía y una Duralgina, según relataron los familiares. Luego, dispuso que una ambulancia lo trasladara a… ¿los neurocirujanos? No, señor, a casa, esto es, a la choza donde vivía García Alsina. Su casa había sido destruida por el huracán Ike, el 8 de septiembre de 2008.
El domingo 11 de noviembre, García Alsina fue llevado en estado de coma al hospital provincial Che Guevara: "Se han perdido 24 horas que ya no se pueden recuperar", dijo un neurocirujano a los familiares. Siete días después, el enfermo fallecía víctima de un traumatismo craneoencefálico tardíamente atendido.
Sospechosamente, en el momento de la autopsia, en medicina legal no aparecía la radiografía tomada al herido tras del accidente.
"No saco el cadáver de aquí si no aparece esa placa", dijo el hijo de García Alsina, que debió imponerse en el hospital Che Guevara.
La radiografía acusadora apareció, pero ¿qué valor tiene? García Alsina está muerto por presunto abandono médico y a no dudarlo otros más morirán por igual proceder criminal.
"Mi hija ahora tiene tres meses, pero de ella tendría nada más que el recuerdo si no me pongo duro. Yo mismo tuve que llevar a mi mujer para el salón de partos porque la enfermera decía que todavía no era el momento. Oiga, y enseguida la niña nació", dice un hombre en el funeral de García Alsina, a propósito de las negligencias en los hospitales, a lo que una mujer que escucha el relato añade:
Foto a la izquierda matarifes  en Cuba.
"Le creo. Mi hijo, que ahora tiene 10 años, está con un montón de problemas porque a mí me demoraron el parto 10 horas".
Los testimonios de acciones y omisiones médicas constitutivas de delito narrados en la funeraria conformarían todo un dossier de acusaciones; habría sido útil que los implicados hubieran estado allí para escuchar a las víctimas.
Pero durante ocho días de angustias y hasta el funeral de Raúl García Alsina, las autoridades de Salud Pública no se habían acercado a los familiares de la víctima para ofrecer explicaciones. Tampoco lo hizo la policía en funciones investigativas, teniendo un delito a la vista.
Técnicamente, estamos en presencia de un delito de abandono de incapacitados y desvalidos, según lo conceptuado por el Código Penal cubano.
"El que no socorra o preste el auxilio debido a una persona herida o expuesta a un peligro que amenace su vida, su integridad corporal o su salud, si el hecho se comente por quien tiene el deber de socorrer o auxiliar a la víctima por razón de su cargo o profesión, la sanción es de privación de libertad de seis meses a dos años con multa de 200 a 500 cuotas o ambas", dice el artículo 277.2 del Código Penal.
Imaginen, dos años de privación de libertad, digamos que tres por circunstancias agravantes, para alguien que por su falta de socorro hizo perder la vida a un ser humano.
Pero ¿qué sucedería si el muerto hubiera sido un buey?
"El que sin autorización previa del órgano estatal, específicamente facultado para ello, sacrifique ganado mayor, es sancionado con privación de libertad de 4 a 10 años", expresa el artículo 240.1 de la supradicha ley penal.
Puesto que, según la legislación vigente, entre otros fines las sanciones penales tienen por objetivo prevenir la comisión de nuevos delitos, a la luz de lo articulado por el Código Penal juzgue usted mismo, cómo se protege a los cubanos incapacitados y desvalidos en comparación a la protección jurídica dada al ganado mayor.
¿Dónde estaría hoy el cirujano de guardia del hospital Guillermo Domínguez, si en lugar de abandonar a su suerte a Raúl García hubiera matado a un buey?
Para ayudarle a contestar, recuerdo que quien sacrifique ganado mayor por su cuenta en Cuba, aunque sea el propietario de la res sacrificada, no tiene derecho a fianza y debe esperar en prisión provisional hasta el día de su condena.
Luego, dígame: homo sapiens o tauros…